Hace buen tiempo. Al menos en mi entorno. Dicen los de los telediarios que por otros lugares nieva y eso; cosas de la Navidad, que es más bella con el manto blanco del níveo elemento. Además parece que todo el mundo se haya puesto en paz con todo el mundo, como si funcionara lo de los ángeles del Belén: "Et in terra pax..." Los niños triscan alrededor de sus padres ansiosos por ver los regalos que Papá Noel va a dejarles en sus calcetines puestos bajo el árbol. Muchos de ellos ya lo saben, pero les hace "ilu" saberlo. No está dando la crisis tan fuerte como todos los sesudos varones habían pronosticado si nos detenemos a ver las calles comerciales de las urbes grandes y los establecimientos de los pueblo pequeñitos. Ya nadie se acuerda de los augurios de catástrofe mundial de los que la produjeron. Todo el mundo quiere una tregua y unos se la dan a los otros por aquello de que la Navidad es tiempo de amor y esas cosas. Hasta yo, en lugar de escribir el "gruñoblog" habitual, me estoy poniendo tierno y sería capaz de pensar bien de los políticos y de los que les rodean, de la sociedad y de los que atacan las cosas en las que creo.
¿Estaré volviéndome gilipollas?
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