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> La perversión del lenguaje <

Me resulta increíble que, mediante el hábil subterfugio de llamar a las cosas de modo distinto y nombrarlas de ese modo nuevo constantemente, lo que era blanco llegue a parecerle negro a una gran cantidad de personas. Todos lo podemos constatar desde hace tiempo. Empezó por lo políticamente correcto importado de los países anglosajones sin duda y adoptado con papanatismo absoluto por nuestros periodistas, políticos y gentes del común, que se han visto arrastradas por el afán de no querer alejarse de la ola de modernidad imperante en los nuevos modos de llamar a las cosas . Así se han ido introduciendo ideas y consiguiendo objetivos espúreos que de otra manera hubieran chocado frontalmente con el rechazo de los más.
Los introductores de la perversión han ido aprovechando la tontuna, el buenismo y el afán de imitar de los más para encandilarlos con las falacias de su engañifa. Luego, cuando las buenas gentes se han dado cuenta de la estafa han salido a la calle a protestar - con razón o sin ella - por el engaño sufrido.
Sirva para ilustrar lo que vengo diciendo, la manifestación que ha tenido lugar en Amposta para protestar por el trasvase de aguas del Ebro a Barcelona. Ahora, las buenas gentes de Aragón y Tarragona se han ido a dar cuenta de que lo que les habían vendido era un travase y no una "captación puntual de aguas del Ebro", por ejemplo. No estoy dando la razón a los que creen tener derecho absoluto sobre el agua, como si el Ebro fuera de ellos, antes, al contrario, creo que no la tienen; pero parece que no habían caído en la cuenta de que hasta ahora y desde hace mucho tiempo, el tripartito que gobierna en Cataluña les ha engañado mediante el truco de llamar de manera retorcida y "políticamente correcta" lo que tiene un nombre claro e inequívoco en castellano. Inconvenientes de dejarse mecer por el bello sonido de las palabras que nos interesa oír.
En mis conversaciones habituales he introducido, desde hace algún tiempo, la pregunta como modo de enterarme de si lo que me están diciendo es lo que yo interpreto. Y me estoy llevando muchas sorpresas cuando mi interlocutor me aclara que lo que yo había creído entender no se parece casi en nada a lo que él pretendía decirme. A éso, en comunicación parece que se le llama "ruido". Pues bien, me da la impresión de que los hombres públicos - los más representativos al menos - nos proporcionan "mucho ruido y pocas nueces".

2008-05-18, 16:58 | 0 comentarios

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