Pues señor, estaba ocioso, saltando de canal en canal y sin que me entrara sueño ni cualquiera de las ofertas lograra engancharme cuando, en una de esas veo a la señora Rahola hecha una basilisca (o un basilisco hembra) clamando contra los que critican a los altos cargos - perdón, a "las altas cargas" que para eso son chicas- hembra que ha nombrado el invicto señor presidente del gobierno.
Me encanta la señora Rahola por su capacidad para ensofrarse (no busquen en el diccionario porque no está; viene a ser equivalente a "mosquearse", pero en superlativo y me malicio que viene de azufre -"sofre" en valenciano- y de ahí el reflexivo) en cuanto se toca algún asunto con el que no está de acuerdo, por nimio que parezca. Digo lo que he dicho porque el tema de la discusión era: ¿Es España un país machista? Como ven es un tema de altura - por la mano atrás- y el tratamiento en corro de Antena 3 un prodigio de banalidades y de abundar en hacer propaganda del gobierno.
La señora Rahola, que no da puntada sin hilo, aprovechó la contingencia para arremeter contra Aznar, contra Rajoy, contra la derecha y contra el PP. A mí me parece bien si ése es su gusto y su punto de vista, lo que no me parece correcto es que esté riñendo siempre a sus oponentes y a los que estamos viendo el programa que no opinamos como ella.
Como la discusión no tenía color - Javier Nart y el subdirector de "Público" eran los únicos hombres que había en la tertulia- y todo el mundo estaba de acuerdo en que a la gente hay que medirla por sus capacidades y no por su sexo (¡caramba qué imagen!), la cosa no pasó a mayores - salvo cuando otra contertulia hizo ver a la señora Rahola que lo que atribuía a Esperanza Aguirre era justo lo contrario de lo que ésta había dicho - y en el momento en que intervino el señor Narr para poner en claro que cuando se pertenece a una tropa de élite, las mujeres no sirven, como no sirven los hombres si no están muy entrenados y tienen potencia física cercana a la de un deportista de élite. Por lo demás nada que hiciera suponer que la señora Rahola tuviera motivos para ensofrarse como se ensofró.
Cuando se habló de la violencia de género hubo consenso en que no se puede permitir que se sigan asesinando mujeres. Yo rectificaría diciendo que no se puede permitir que se asesine, sin más, sea a mujeres a niños ni a hombres, en definitiva que el que sesina ha de saber que pagará por el asesinato tanto como daño haya hecho. Quitar la vida no ha de resultar gratis y en algún caso habría de ser castigado de una manera mucho más dura que la de la pérdida de libertad por unos años. Lo de la rehabilitación es una pamema en un porcentaje muy alto de los casos que se conocen . Ya hemos perdido bastante tiempo con esa mojiganga. La Justicia necesita una reforma y no se trata del porcentaje de miembros que cada partido ha de nombrar en el Consejo General del Poder Judicial ni en ningún otro organismo relacionado con la judicatura. Ésos habrían de ser, por definición, independientes del poder político.
Pero la actitud de la señora Rahola me lleva a una reflexión: ¿no será que a base de criticar y poner de relieve abundantemente el machismo estamos cayendo en el hembrismo? Lo digo porque los varones ya no osamos levantar la voz ante ninguna postura de radicalización feminista. ¿Alguien ha pensado en el maltrato psicológico que es capaz de proporcionar una mujer a su marido sin que se advierta? ¿O es que, como siempre que intervienen estas señoras, todo lo malo lo hacemos los hombres? ¿Habrá alguna mujer mala? No sé, no sé...
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