Bueno, pues ya ha pasado un tiempo suficiente, para mí al menos, a la hora de tomar posiciones en relación con lo que vaya a hacer nuestro, de nuevo, Presidente del Gobierno.
Parece que la legislatura ha empezado más calmada, por parte de la oposición, como si el señor Rajoy quisiera desmentir lo que dije allá por no sé qué comentario de inmediatamente después de pasadas las elecciones y ante la actitud que creí ver en su primera comparecencia; por parte del Gobierno, un cierto lío que va desde la carnaza para las prensas de colorines hasta el garrotazo y tentetieso a las comunidades en las que se ha preferido otra opción política.
A lo del agua me refiero, porque la señora Espinosa, apenas ha terminado de dar agua para Barcelona -que a todos nos ha parecido bien- ha dicho que ni una gota más para nadie. Si eso no es discriminación, sectarismo e injusticia, no sé qué otra cosa puede ser. Por tanto, señora ministra, aunque no haga usted sino obedecer órdenes al manifestar lo que manifestó, para mí es usted, discriminadora, sectaria e injusta. Y ya, por elevación, lo es el presidente que ha elegido la mayoría de los españoles.
Valiente la ministra del Ejército, que se ha ido con su bombo a Afganistán a ver a los soldados que allí están en misión de paz, bien arropada por un equipo médico capaz de atender cualquier contingencia que se hubiera planteado durante el viaje, ¡faltaría más! Es muy posible que esta señora sea una magnífica ministra del Ejército, pero nadie me puede negar que si en lugar de a ella, se hubiera nombrado para este menester a un hombre, el equipo médico hubiera podido quedarse en casa.
Tuve la ocurrencia, no se puede calificar de otro modo lo que hice, de ver anoche un programa que se llama La Noria, en el canal 5. Fué una especie de penitencia por la conversión de Rusia, porque no hay quién se entere de la mayor parte de lo que se ¿argumenta? en ese programa; pero como estaba en él el señor Sopena, decidí sacrificar unas horas de sueño para ver qué nuevo veneno tenía preparado el sujeto. Además de su habitual actitud de prepotencia y de "ir sobrado" demostró su calaña, la clase de profesional que es y cómo se vende a la mejor idea, perdón a la que le llena el pesebre; permítanme que describa el entorno de la discusión. La señora Rahola, gritando, y una señora transexual que no sé cómo se llama, reivindicaban que las mujeres en sus cargos de responsabilidad no son floreros, que no se podía atacar a una mujer por el hecho de serlo, etc. Obviedades en las que estaban de acuerdo las otras dos mujeres, periodistas supongo, que también gritaban, pero que por la actitud de las primeras, parecía que estaban en desacuerdo. Con su abacial actitud, el señor Sopena intervino y consiguió acallar el griterío -tiene una gran habilidad para lograr que sus palabras sean esperadas como el maná- y cuando se hizo el silencio, preguntó a una de las periodistas de enfrente:
- ¿Has oído hablar de una "cosa" llamada Cospedal?
Antes de que el subconsciente le traicionara, el señor Sopena había estado defendiendo la postura de la señora Rahola y de la otra, denostando de los que hacen escarnio y befa de las mujeres en cargos públicos a las que hay que tratar en función de su valía para ocupar el cargo que desempeñen. Por cierto, la Rahola dijo que la Ministra de Fomento le había parecido desastrosa, sin que el señor Sopena dijera esta es mi boca, probablemente porque el que paga, manda.
La periodista de enfrente lo agarró por los cuernos -es una manera de hablar- y no lo soltó hasta que el eximio pidió "perdón" como él suele hacerlo, es decir, intentando hacer creer que había sido un error y que nada más lejos de su ánimo que ofender a quien se estaba refiriendo que, además, no estaba presenta para poder defenderse. Pero por debajo del maquillaje o del cemento -no lo tengo claro-, quedó demudadito el caballero. Más aún cuando la otra le acusó de "tragar" con todo lo que dijera el PSOE, como si éste no se equivocara o tuviera el don de la infalibilidad.
Y éste es el panorama al que nos enfrentamos ahora.
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