Me voy a callar en lo que se refiera a asuntos que se relacionen con las elecciones hasta el día 10 por lo menos, a no ser que algún acontecimiento "raro" me haga desistir de este propósito. Entonces será el momento de la alegría o el lamento, de la esperanza o el desánimo; pero, al menos, nadie me podrá acusar - como se puede hacer con otros - de jugar sucio durante la jornada de reflexión.
En mi anterior entrada se me olvidó comentar la parcialidad de Olga Viza dando alas al Presidente en funciones y permitiéndole jugar sucio. Ésa, la de jugar sucio, es una táctica muy seguida por los adláteres del señor Rodriguez Zapatero. Interumpen, gritan, intentan avasallar subiendo el tono cuando el contrario - cualquiera que sea - argumenta, discurre, razona. Eso sí, ponen carita de no haber roto un plato en su vida o expresión de dolor profundo, de estar dañado en su sensibilidad más honda, cuando el otro les reprocha su desfachatez.
En los sesenta segundos de ayer, González Pons dió un buen repaso al resto de participantes en el debatito, que eso es lo de los segundos, y lo hizo a lo triunfador, sin despeinarse, sin hablar del sexo de los ángeles, dando donde duele cuando había que dar y dejando satisfechos a sus electores de la Comunidad Valenciana. Sólo un pero; consintió que el representante de ERC hablara del "País Valenciano", la tontuna inventada por Juanito "el Bobo", que es como le llamaban en Sueca los que le conocían de cerca. El lugar en el que vivimos los valencianos, ése que desea anexionarse a toda costa la Cataluña fagocitadora, es la Comunidad Valenciana. No vaya a confundirse el señor Cerdà - por cierto, natural de Canals, provincia de Valencia - no sea que le quite el acento del apellido. Si él se arroga el derecho de llamar mal a la Comunidad en la que vivo, que tiene un nombre que, aunque no me guste, está aprobado por Ley, yo me puedo permitir la licencia de determinar que su primer apellido, el que se hereda del padre, deje de llevar tilde, que me tienen hasta el moño estos ¿señores? que quieren cambiar todo a su albedrío. Y ahora, ¡mut!
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