No le voy a cobrar nada al meritísimo autor de lo de las tallas en la indumentaria. Sólo quiero recomendarle la lectura - tampoco le voy a obligar - de "Uno, ninguno y cien mil" de Pirandello. Es que me parece que nadie va a reconocerse, ¿qué digo a reconocerse? ni siquiera a encuadrarse en ninguna de las denominaciones que han sido propuestas. Por eso me temo que la medida - que era necesaria de necesidad urgente, ¿no? - va a tener escaso éxito.
¿Se imaginan a ustedes la escena? Una señora entradita en carnes, con la abundancia pectoral que diz que el Maestro Mateo atribuyó a Esther en el Pórtico de la Gloria, escurridita de caderas y corta de genio confesando que su tipo es "de campana" ... invertida, claro, con el badajo p'arriba. O una ciudadana a la que conozco personalmente, que se pone cinturones anchos para intentar tener cintura y las mollas le huyen hacia arriba y hacia abajo del estrangulamiento, rebatiendo a la dependienta y diciéndole que su tipo es de "diábolo" ante la cara de estupor de la otra que está pensando que "globo Mongolfier con lorzas y desprendimientos" sería la descripción más ajustada al aspecto de la cliente. La risa. Y como a nadie le gusta hacer reír, pues me temo que la cosa no tendrá excesivo futuro.
Además, ¿no tenía otra cosa que hacer el que parió el invento que dedicarse a esos menesteres? ¿Qué problema resolverá la taxonomía que se pretende? ¿Aqué viene ese afán por meterse en vida privada de los ciudadanos? ¿Para cuándo la regulación de los gayumbos? Y para el papel higiénico, ¿cuándo se determinará su textura, su espesor y el tamaño máximo del servicio necesario para una limpieza completa y satisfactoria?
Por aquella parida de la paridad ahora nos va a tocar a los hombres. De ahí mi aportación en el título de esta entrada aunque no parezca excesivamente correcto.
Por mi parte prefiero las denominaciones que el "populus" y los sastres de tiza, tijera y cinta colgada del cuello adjudicaban en sus descripciones antes de que la televisión nos entonteciera. Aquí van algunas que aporto en masculino para ser, a sabiendas, políticamente incorrecto: Cachigordo, culibajo, fondón, tripudo, culón, lambreño, estrecho de hombros, ancho de caja...
Y hablando de sastres, ¿cómo resolverán los claros varones de la moda lo de "cargar"? Me inquieta que nadie haya tenido en cuenta ese aspecto fundamental y delicado del asunto que nos ocupa y, de nuevo, anticipo mi inquietud ante otro problema del que puede depender la felicidad del hombre de hoy.
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