Me cuenta un viejo amigo que en Barcelona es imposible vivir con la presión que imponen los nacionalistas en el ámbito de la inmersión en el catalán. Es un hombre que se trasladó a vivir allí cuando era joven porque lo destinó su empresa - por tanto ningún emigrante que necesitara elegir otro sitio en el que poder seguir adelante con su proyecto de vida y sus ilusiones - que se estableció como autónomo y que contribuyó con su esfuerzo - como tantos otros - a que Cataluña fuera mejor y más grande.
Ahora dice con expresión desafortunada, a mi entender, que Cataluña se ha convertido en una "dictadura democrática" y que, o pasas por el tubo o mejor es que te marches de tan ubérrimos lugares. Me cuenta la anécdota de que fué requerido para que un hijo suyo hablara catalán en el patio de un instituto del que era alumno, "o tendrían que ponerle
una pegatina en el pecho".
Se me ha ocurrido sugerirle que si se la ponen, procure que sea de color amarillo y con una estrella de David. Me miraba con cara de asombro porque creía que bromeaba con lo que él vive como una situación muy conflictiva, casi catastrófica.
He intentado aconsejarle que no haga demasiado caso y me ha desmontado todos los argumentos que se me han ido ocurriendo para proporcionarle algún tipo de escapatoria, argumentación o, por lo menos, consuelo. Tarea inútil. Pero he llegado al paroxismo cuando me ha dicho algo que vengo pensando desde hace tiempo: "Los catalanes están desarrollando una lengua nueva que sirve para entenderse entre ellos y que el resto de España no los entienda". Ni más ni menos.
Parece ser que con los nacionalistas nazionalistas no se puede ni siquiera esgrimir un argumento. Y se están cargando la riqueza, las libertades y la alegría de vivir de
la gente que no tiene idénticas ideas a las que se alumbran desde las covachas de los independentistas.
Dicen en Cataluña que el agua que la señora Narbona y la Generalitat de Cataluña quieren llevar en barcos desde la desaladora de Carboneras a Barcelona no sería necesaria si
se aprovechara el agua que el Ródano vierte al mar. ¿Les suena la idea? Y todo el mundo encuentra el aserto la mar de normal.
Me argüía que la deriva nacionalista del señor Mas no se debía a otra cosa que a los datos de las encuestas que dan más votos a los que más se quieren separar de España. Los apagones, los follones de los trenes de cercanías, los hundimientos, son atribuídos sistemáticamente a España, que los trata mal, que no les da lo que les corresponde y que encima, pretende que en Cataluña se hable esa lengua de pobres ( el bobo Sostres dixit) que es el español.
En fin, un cúmulo de atrocidades, despropósitos, desinformación y ganas de no informarse de muchos de los habitantes de una región de España que, en otro tiempo, fué ejemplo a imitar y hoy es un horror del que hay que huír. Algún día habría que pedir responsabilidades a TV3, Radio Sabadell, La Vanguardia, El Periódico de Cataluña, Avui y otros manipuladores de una materia tan sensible como es la información.
En lo que toca a las próximas elecciones, no pienso votar a nadie que no lleve en su programa la reforma de la Ley Electoral. Para que no tengamos que seguir padeciendo chantajes de partidos grandes que venden los derechos de primogenitura por el plato de lentejas de los votos de minorías que terminan gobernándonos.
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