Ahora llega CyU o CiU dicho en catalán, y le plantea al Gobierno que de aprobar los presupuestos "nasti monasti". ¿Y cómo hay que leer eso? Pues es fácil. Los señores que han pactado con todos los gobiernos que en España han sido, dirán que sí si se les da más. Hacen bien. Como les ha ido bien durante décadas, repiten con insistencia machacona en su actitud. Ahora habrá que recurrir a los denostados tránsfugas para hacer realidad unos presupuestos sin los que la Nación no funciona. Que la aprobación o no de esa Ley, dependa de unos señores que se han caracterizado por su volubilidad, me llena de terror y me hace preguntarme: ¿en manos de quiénes estamos? ¿de cuatro a los que llamamos tontos y a los que atiborramos de pan?
Los nacionalistas -y CiU ha iniciado una deriva para quitar de la Generalitat a ERC- juegan a lo que nuestra Constitución les ha permitido. Resulta que la Constitución les favorece y que ellos quieren salirse de ella ... para que la nueva situación les favorezca más.
Pero lo que favorece a determinados partidos, no es necesariamente lo que más conviene al común de los españoles. Hay ciudadanos que se ven perjudicados por una transgresión flagrante de principios elementales de justicia social.
Va a resultar que lo único que quieren los partidos políticos es tener más poder, administrar más dinero, controlar más todo. Va a resultar que lo que en el fondo pretenden es "todo para el pueblo, pero sin que el pueblo tenga otro derecho que el de votarnos". Va a resultar que es una medida democráticamente aceptada y puesta en práctica la de aislar al partido que -legalmente- incordia mediante ese cordón sanitario interpuesto entre el PP y el resto de los partidos. Va a resultar que, finalmente, uno se desilusiona y hace su vida y se dedica a abstenerse de votar. La lectura de las abstenciones es algo que habría de hacerse de otra manera en los partidos políticos para intentar saber cómo es que
aumenta el número de desilusionados a pesar de nuestros desvelos por ellos.
Pero mientras los señores que viven de la política sigan viviendo bien no hay que preocuparse por nada. Ellos nos conducirán con mano firme por el camino seguro que nos lleve a buen puerto.
Hace tiempo que no me meto con el señor Director General de Tráfico, un ejemplo de alguien que vive bien de la política. Tan bien que, a pesar de lo que predica, dicen que no tiene carnet de conducir -por tanto, por él si que conducen- y que su coche fué detenido por sobrepasar el límite de velocidad permitido en un determinado tramo de carretera. Espero -pese a mi animadversión al señor en cuestión por lo que creo que es su ineptitud- que lo que dicen sea una leyenda urbana; pero que conste que en mis numerosos viajes por carreteras españolas he visto más de un Audi con cristales tintados y con muchas antenas, presumiblemente con gente dedicada a la política en su interior, que se desplazaba a velocidades que, calculo, estarían próximas a los 200 Km/h. ¿Sabe alguien si a éstos les paran y los enchiqueran? ¿O en este caso meterían en la cárcel al chófer y todos contentos? Sería otro modo de darles pan y llamarles tontos.
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