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> Craso error <

Ya es sabido, llegas a la edad de jubilación y se te ocurre que aquello que no habías hecho de joven vas a poder hacerlo ahora. O que lo que hiciste lo puedes mejorar. Y te embarcas en la aventura. A mí acaba de pasarme, se me ocurrió que en lugar de la bicicleta estática -que es un gran invento para machacarte de una manera aburrida y que los médicos te recomiendan por lo del colesterol y las enfermedades cardiovasculares, por el azúcar que nos acecha- era mucho mejor dar largos paseos por los caminos de tierra, por el invento ése de la Vía Verde -no acierto a entender por qué se llama así, porque es más bien árida como corresponde a un paisaje mediterráneo del interior- y recordar cosas de mi niñez, volver a pisar paisajes de mi adolescencia, cuando con mi Orbea de color azul, piñón del 12 y plato del 22 creo recordar, los caminos de los pueblos de alrededor del mío eran lugar de mis correrías. Así es que decidí que iba a comprarme una bicicleta para recordar viejos tiempos. Además los adelantos técnicos me hacían imaginar toda suerte de venturas y placeres con el viento en la cara, las cuestas... con un buen cambio -pensaba yo- van a ser "pan comido". Y me compré la bicicleta. Modesta, pero robusta. Una bicicleta macho como ya he dicho en alguna otra ocasión, ruedas como de tractor o, al menos, para no tener que poner cadenas en caso de nevada, frenos de disco, tres platos, ocho piñones, cuadro de aluminio, suspensión delantera...pero no es oro todo lo que reluce. Tras varios paseos por bicicleterías de renombre y probado prestigio estaba hecho un mar de dudas acerca de qué bicicleta comprar. A la pregunta de por qué no suspensión trasera, la respuesta fué unánime: "si se mete usted por caminos mal asfaltados puede estar tirando de pedal pero la respuesta de la rueda trasera no va a ser tan buena como si va fija, podemos poner una suspensión que se bloquee..." Eso que parecía una solución se convirtió en un inconveniente, porque amén de caro, el sistema no funciona si no bloqueas manualmente la rueda y, parece ser, terminas llevando bloqueada la suspensión trasera, lo que me decidió por dejarla fija desde el primer momento. Luego fueron los frenos:
-¿Hidráulicos o mecánicos?
-Póngalos usted mecánicos que lo del aceite en unos frenos así de pequeños, por muy de disco que sean...
-Como le plazca.
Comprado el bicicleto, mi primera impresión fué la de que estaba a punto de ser empalado. Un sillín estrecho y situado allá en el cielo, me permitía pocas alegrías a la hora de maniobrar por caminos difíciles. Los pies no me llegaban al suelo sentado en aquel instrumento de tortura y la amenaza de caída rondaba en cada una de las ocasiones en que había que montar o desmontar del invento... (Continuará)

2007-10-08, 20:55 | 0 comentarios

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