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> Leyes y garantías (II) <

Es decir, si descerrajas un tiro a quien asalta tu casa por la noche, eres un delincuente. Probablemente, antes de tomar cualquier iniciativa habría que preguntar al asaltante si viene o no armado; luego, inquirir por sus intenciones -quizás quería pedirnos a las cuatro de la madrugada una tacita de aceite para la ensalada- y si éstas no son buenas, llamar a la policía. Habrá que recordar aquí, por quitar drama al asunto, el consejo chino que propugnan Los Luthiers: "Si tu mejor amigo te apuñala por la espalda, debes desconfiar de él".
Si el Estado no nos protege -y no se trata de conducir por nosotros, obviamente- tenemos la obligación de protegernos nosotros. De proteger lo nuestro y a los nuestros. Misión del Estado es proporcionarnos los elementos necesarios para que, en una situación comprometida, sea el Derecho el que nos ampare.
Pero no ha de ser un fárrago legal de difícil entendimiento el que nos cuide. Habría de ser algo así como: "El domicilio de cada persona es inviolable" y no ir añadiendo artículos y articulitos que lleguen a desvirtuar el poder de la norma. ¿Quieren un ejemplo de cómo nos engañan?, ahí va: La Constitución es la Norma de Normas y la violan el Estatuto de Cataluña, el de Andalucía y el de Aragón, que yo sepa. Y un montón de normas de rango inferior la debilitan hasta dejarla sin fuerza alguna.
La situación, en este momento, es la de indefensión, que se percibe en las conversaciones, en las miradas, en las inquietudes de la gente con la que hablamos cotidianamente. Todo el mundo está desasosegado y todos sabemos por qué. Somos más ricos de lo que lo éramos antes de la llegada de la democracia. Podemos hablar de lo que queramos -sobre todo los periodistas y los políticos- sin temor a represalias. Viajamos y compramos dos de cada cosa que nos apetece comprar. Pero la tranquilidad de que disfrutaban las gentes de bien ha desaparecido. Y lo que antes se arreglaba frente a un confesionario lo arreglan los psicólogos, psiquiatras y demás profesionales de los arreglos de la mente, mediante costosos tratamientos... que logran poner parches a los pacientes, pero goteras siguen existiendo.
En la Edad Media, el Señor tenía la obligación de proteger a sus vasallos, sus vidas y sus haciendas, que le pagaban vasallaje. En los tiempos actuales el Estado tiene la obligación de defendernos de quienes pretenden hacer daño a nuestras vidas y a nuestras haciendas, porque pagamos un vasallaje mucho mayor. Frente a la desidia de los poderes públicos por protegernos hay que poner la denuncia de los que cumplimos con la Ley, habrá que unirse y no precisamente en partidos políticos sino en otro tipo de Asociaciones, que las hay o pueden ser creadas. Y en último extremo, cuando ya no haya otra salida, habrá que recurrir a la desobediencia civil. Pero éstos son berenjenales en los que entraré otro día.



2007-10-02, 16:16 | 0 comentarios

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