Una página en la que quepa todo, incluso la discrepancia, siempre que se escriba con sentido del humor y dentro de los límites de la buena educación.
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> Desde el júbilo <

Ocupado en distraerme -paseo matutino de 10 km. a pie, que más que paseo es un a tertulia peripatética en la que todos hablamos de todo, ducha, viaje a Segorbe a ver la Entrada de Toros y Caballos (declarada de Interés Turístico Internacional), comida en casa, espectador de una habitual partida de guiñote en la que los contrincantes permiten la crítica de los que miramos cada vez que se ha menester, reposo vespertino, tertulia, paseo y cena, no tengo apenas tiempo para enterarme de lo que ocurre en el mundo de la política, la economía o la cultura. Y, curiosamente, vivo feliz. Puedo dedicar semanas a elegir la bicicleta que me habrá de servir para aumentar mi diversión este otoño y -¿por que no?- el invierno que se avecina. Soy capaz de dejar, sin remordimientos, que el libro que empecé a leer a finales de agosto siga esperando, hago planes y los deshago como una Penélope cualquiera. En definitiva, soy dueño de mi tiempo casi absolutamente.
Pero, a ráfagas, me entero de lo que pasa a mi alrededor. Me entero, por ejemplo de que un rumano se ha quemado a lo bonzo, de que ya andan de nuevo a la rebatiña los políticos, de que Laporta quiere que la selección catalana juegue partidos internacionales, de que la ministra Narbona ha ido a Valencia y ha salido indemne, de que agosto ha sido fatal para los que han muerto en carretera y, de paso, para Pere Navarro y sus boys, de que la economía está mal y algunos se van a tener que comer los ladrillos entre pan... y así sucesivamente.
Lo curioso de todo esto es que, teniendo opinión de todas y cada una de las cosas de las que me he ido enterando, no he sentido la imperiosa necesidad de hacérselo saber al resto de la humanidad que espera, ansiosa, mi opinión al respecto. Ni siquiera quise atender - y las desvié a otros que pueden responder igual o mejor que yo- a las llamadas de agencias de noticias y de emisoras de radio, entre ellas Radio Nacional, que requerían mi opinión respecto de la sentencia de la Audiencia Nacional que comentaba ayer en relación con Repsol. ¿Será que empiezo a disfrutar de mi jubilación? ¿O será que me ha dado un ataque de humildad incurable?
Hasta más ver.

2007-09-06, 17:16 | 0 comentarios

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