Hace un par de días leí en el periódico "Las Provincias" un artículo de alguien que firma como Catedrático de la Universidad de Valencia que me ha servido para explicar por qué vamos como vamos en materia educativa.
La mínima dignidad sintáctica exigible a quien ocupa una cátedra estaba ausente en las palabras que juntó el pavorde para contar un par de anécdotas personales sin gracia ni enseñanza, ni moraleja.
Si un ciudadano con tales carencias en escritura puede llegar a ser catedrático, he de afirmar que en mi bachillerato no hubiera aprobado el examen de ingreso.Saquen ustedes las conclusiones que les parezcan adecuadas. Ya pueden hacer planes de estudios los Gobiernos; mientras el ciudadano de a pie no sepa leer, escribir y contar, y llegue a cátedro uno que es amiguete del cátedro anterior, que le prepara una cátedra a su medida después de años de haberlo tenido de meritorio, mala cosa.
¡Qué mal nos va a seguir yendo!
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