Me da la sensación de que el Ebro lleva agua. Agua para dar y vender. Agua para guardar y agua para trasvasar, pero que no logro entender por qué extraño motivo se prefiere que vaya al Mediterráneo. Debe ser para endulzar la salmuera que vierten las desaladoras.
El proceso mental –de la escuela zapateronarbonense- es de fácil seguimiento:
Tenemos un gran río que vierte al mar sus excedentes.
Hay una extensa zona que podría beneficiarse del agua que se pierde
Dejemos que el agua se pierda en el mar por los siglos de los siglos
Construyamos muchas desaladoras aunque:
a) Se revelen insuficientes para satisfacer las necesidades.
b) Obtengan un producto de peor calidad a mayor precio
c) Sean más caras
d) Contaminen las aguas del mar y el medio ambiente
No consintamos trasvasar nada, pero nada nada y vaciemos al mar el embalse de Ribarroja antes de que “una sola gota” (Maragall dixit ¿recuerdan?) llegue a la Comunidad Valenciana, a la Murciana o a Almería.
Brillante, ¿no?
Y todo el razonamiento tiene como base el hecho de que haya sido el rival político el que llevaba a cabo una de las pocas obras necesaria y coherente. Claro que, cuando dices estas cosas, el personal se crispa. ¡Pobrecitos políticos! ¡Cuánto sufren!
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