La saga ministerial gobernante parece que le gusta poco o nada a la opinión pública. El posible relevo parece que le gusta menos, aún cuando parece que se va aproximando en las encuestas. Es decir, que en cuanto nos descuidemos tenemos una participación ciudadana igual o semejante a aquélla con la que se han aprobado los Estatutos de Andalucía y Cataluña.
El fenómeno -que debería hacer reflexionar a los políticos, pero no pueden, los pobres, es algo superior a sus fuerzas- tiene su lectura. La gente, usted y yo, harta de tanto despropósito, de tanta sandez y de tanto horror, ha decidido quedarse en casa y, como dicen los “modelnos”, “pasa” de todo.
Si la clase política no es precisamente un grupo al que imitar, la decisión de la sociedad, de esta sociedad aborregada, apesebrada y atenta sólo al hedonismo y al beneficio inmediato, tampoco tiene un componente ejemplarizante. Es decir, su actitud no me sirve para tomarla como modelo, precisamente porque viene de donde viene: de la molicie, del mínimo esfuerzo, de la dejación de responsabilidades.
Por tanto me encuentro con una clase política para ser olvidada y con una sociedad compuesta por indivíduos con la mayoría de los cuales no me gusta convivir. Así es que no tengo soluciones alternativas: o me inhibo de todo compromiso social, lo que no va ni con mi carácter ni con mi formación, o me exilio voluntariamente a un país en el que las condiciones de vida semejen a las que me gusta tener, acompañado por una masa ciudadana diferente en la que primen la educación, el respeto y el compromiso. Pero tampoco hay de eso por ahí. Las noticias que recibo de Francia, de Alemania y de Inglaterra no son como para tirar cohetes. Así es que lo tengo difícil y habré de encastillarme en mi posición sin ceder ni un palmo de terreno, aún a cambio de convertirme en ostra. Aunque, afortunadamente aún me quedan amigos que piensan más o menos como yo.
Hablaba más arriba del relevo y me entraba la risa floja al escribirlo. El PP no va a gobernar en España en décadas hasta que saque una mayoría absoluta, porque el resto de partidos ha decidido aislarlo y con la Ley Electoral en la mano y con los pactos que sean necesarios y que convengan a los pactantes, no a España, el PSOE va a seguir en el machito. Aquí mientras la economía vaya bien y no haya que recurrir al PP para arreglarla, tienen larga vida los partidos de izquierda y sus socios. Algunos indicios apuntan a que las pensiones se van a terminar –como se ha dicho siempre que el PSOE ha gobernado- que se endurecerá el proceso para llegar a ser pensionista y otras buenas noticias similares. Tal parece que un trabajador que ha cotizado a lo largo de su vida, que ha obligado a su empresa a cotizar por él, y que ha llegado al fin de su vida laboral, ha de ir mendigando pensiones de miseria y por caridad. Y hasta ahí podríamos llegar, que si alguien capitaliza lo que ha pagado él y sus empresas durante los años que ha estado trabajando, le queda una pensión decente y no la miseria con la que los Gobiernos engañan a los pensionistas. Si alguien hace los números se dará cuenta de que le han robado sin pausa ni mesura.
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