La Ministra de Medio Ambiente, de repente, se nos ha puesto romántica. El repente ha consistido en pedir que dejemos las cosas y las casas a oscuras durante cinco minutos. Para ahorrar energía, por la sostenibilidad (¿) del modelo de desarrollo y... por dar la nota.
De paso que desconecte también las desaladoras y así conseguirá que no se escabondrie el suelo de la plataforma continental. Total, como ella con unas gotas de agua tiene bastante para su aseo personal...
Pues le va a salir mal la jugada, porque de sumarse al “Y todo a media luz...” y al “Voy a apagar la luz...”, incluso sus colegas de Gabinete le han dicho que “nasti, monasti”.
A mí, personalmente, cualquiera de las cosas que proponga la Ministra me va a parecer mal. Entre otras razones porque desde que montó lo de parar el Trasvase del Ebro que ponía fin a lo de la España Seca y la España Húmeda, me parece que está incapacitada para tomar cualquier decisión que lleve consigo un mínimo de responsabilidad.
Exactamente igual que me pasa con el Presidente del Gobierno. A partir de un despropósito semejante, estas personas, una elegida en las urnas y la otra “digitalizada” por el Elegido, si tuvieran un mínimo de dignidad, tendrían que haber dimitido.
Así es que, esta tarde encenderé todas las luces de mi casa y pondré en marcha todo lo que, a mi alcance, funcione por medio de la corriente eléctrica. A ver si me suben las acciones de Endesa, que desde que se retiró la Caixa, E.On se hace la remolona. Y no es cuestión de perder cuatro o cinco euros por acción. Cuestión de intereses y ganas de fastidiar, en la medida de las posibilidades de cada cual.
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