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> ELECTORES Y ELEGIDOS <

¿Qué elegimos cuando nos convocan a elecciones? Ésta es una pregunta que se hizo el cuarenta y seis por ciento de ciudadanos de Cataluña y la respuesta no debió gustarles porque se quedaron en casa viéndolas venir.
Con la aquiescencia de menos del cincuenta por ciento de los votantes va a gobernar … el que sea, me da igual, porque, al final, gracias a la Ley Electoral que padecemos, gobierna no el que ha dicho la mayoría, sino el que pactan los que, a partir del recuento, se olvidan de las voluntades expresadas por los votadores y hacen lo que más les conviene, que no siempre es lo que les conviene a los que votaron.
Porque al común de los mortales lo que le preocupa de los políticos es, sin ánimo de ser exhaustivo, como escuché decir a un locutor en una radio: que no sean tan zotes como para no procurar que haya trabajo, que la gente tenga salarios dignos, no estar a expensas de la ley del más fuerte en ningún ámbito de la vida –economía, educación, seguridad- poder jubilarse con dignidad y sin miserias ni caridades y ver cómo sus descendientes encuentran qué hacer para ganarse el sustento. Lo demás forma parte de las expectativas de las sociedades desarrolladas y son accesorias. Incluso, si me apuran, la libertad de expresión. No se han contado tantos chistes contra un régimen como en tiempos de Franco.
Lo de la Libertad es algo que se esgrime abundante y reiterativamente, pero tengo para mí que a la gente del común le preocupan más las pequeñas libertades que va perdiendo a medida que avanzamos en la globalización uniformadora: la libertad de fumar donde le venga en gana, salvando los aspectos de la buena educación, la de conducir a una velocidad adecuada a su coche y a las condiciones de la vía por la que viaje, la de tener la opción de ponerse o no el cinturón de seguridad, la de lavarse con agua abundantemente porque el olor corporal "in natis ofendit", que dijo el otro, la de andar por la calle sin temor, la de poder hablar en la lengua que se te antoje, la de poder comer hamburguesas “king size” si se te antoja o jamón de Jabugo porque te lo permiten tus posibles, la de poder alabar o criticar negativamente lo que quieras, asumiendo tus responsabilidades, sin que te tilden de facha… y así hasta setenta veces setenta cosas.
Vocear en los medios de comunicación aquello de lo que se pretende que la gente opine –y en el sentido en que se quiera formar la opinión de los futuros opinantes- es potestativo de los medios que eligen para hacer sus declaraciones los que han sido elegidos por los electores. Y así nos encontramos de hoz y coz, metidos en una trampa saducea de la que es difícil escapar porque, si las bases del razonamiento futuro las tomamos de los que son parte interesada en “formar” opinión, llegaremos a las conclusiones que ellos quieran. Lo malo es que tampoco tenemos el tiempo, ni los medios, ni la voluntad como para partir del origen de las cuestiones que se nos plantean.
Así es que, amigos, “paso de buey, diente de lobo y hacerse el bobo” es el mejor de los consejos que he recibido en este aspecto: tranquilidad, desmenuzar cualquier cuesstión y no formarse opinión hasta que la cosa está muy madurada en el coco de cada quién. Si, además, tenéis esa especie de “olfatillo” que sirve para ennortar las ideas, miel sobre hojuelas. Felices Pascuas.


2006-12-22, 14:11 | 0 comentarios

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