Termina el verano, se aproxima el otoño y a uno le da por leer periódicos y escuchar emisoras de radio. Incluso, en un intento de conseguir la pluralidad informativa, ve uno algún que otro telediario, por aquéllo de no fallar a ningún palo. Las consecuencias son impredecibles, pero ciertas; a uno le da la impresión de que se ha vuelto imbécil o de que intentan tomarle el pelo de la peor de las maneras.
Porque lo que a uno le ocurre es que le choca el hecho de que acusen de embusteros a los del Gobierno anterior con total desfachatez, mientras los de este Gobierno -que más parece que desgobierna- no dicen una verdad ni queriendo. Mienten en cuanto hablan, desvirtúan la realidad en cuanto intentan explicarla.
El Sr. Rodríguez Zapatero se dedica a mantener el simulacro de "buen talante" y parece el perrito de la bandeja trasera del coche, diciendo sí a todo. El último sí, lo ha dado al Sr. Carod Rovira -ese magnífico especimen de foca monje política- cuyo partido ha afirmado que si el valenciano es considerado como una de las lenguas que se hablan en una comunidad autónoma, ellos no quieren que el catalán esté entre esas lenguas. Y esgrimen no sé qué zarandajas de "legitimidad científica" compradas a peso de oro en los primeros tiempos de la democracia a filólogos felones como el Sr. Sanchis Guarner y otros de su ralea. Menos mal que Ausiás March y Joanot Martorell no nacieron en San Saturnino de la Soltera.
No se paran en barras los catalanes en el poder, para "fabricar" la Historia a su gusto. Si han de raspar documentos históricos para quitar algún símbolo que no les conviene, lo hacen con total impunidad; si han de maleducar a generaciones enteras, lo hacen. De ahí el peligro que supone que se les deje tener cerca cualquier tipo de Archivo histórico en el que se cuente la verdad acerca de Cataluña; se corre el riesgo de que fuera el nordeste español el que aglutinó a España o de que siempre, la generosidad de los catalanes haya contribuído a romper las desigualdades entre los españoles.
Valencia, la desafortunadamente rebautizada Comunidad Valenciana, ha sufrido directamente el afán de apropiación de los habitantes del nordeste peninsular en todo lo que le es más querido: la lengua, la bandera, el territorio, la cerámica de Paterna... todo para hacer esa entelequia, esa quimera, ese monstruo imaginado por orates o malnacidos al que llaman los "Països Catalans". Claro, como lo que tienen vale para poco no les queda otro remedio que apropiarse de lo que es de los demás, pero eso, en español, tiene un nombre y los que realizan la acción también.
No ha habido durante mucho tiempo una autopista entre Madrid y Valencia para favorecer los intereses de Cataluña y hacer grande su puerto. Si los gobiernos centrales siguen siendo vasallos de los catalanes -que vocean su voluntad de independencia doquier- no habrá AVE a Valencia. La autovía Sagunto - Somport lleva la velocidad del caracol y aún no llega a la provincia de Teruel porque, si se termina, gran parte de las mercancías que desde el sur viajan a Francia dejarán de pasar por el nordeste. Los catalanes han sido los abanderados de que no haya trasvase del Ebro a Levante ni al Sur... y , así un largo, larguísimo etcétera. ¿Y hemos de contemplar todos esos atropellos con sonrisa y buen talante?. ¿Qué pasaría si se gestara un sentimiento de separatismo entre los valencianos hartos de tanto trágala y de tanto desafuero? ¿Por qué no se les cuenta a los catalanes que ya está bien de chupar de la teta? No han dado nada y de todo han obtenido beneficios. ¿Cuántos catalanes hay? ¿Es el Señor Carod Rovira catalán o charnego hijo de charnegos?
No faltará quien opine que ésto es victimismo, pero quien, desde el franquismo, viene escuchando que "catalanes y valencianos primos hermanos" y dándose cuenta de que los valencianos sólo "primos", quien viene soportando la "superioridad" de todo lo catalán -en boca de ellos- , quien cada vez que quiere mostrarles algo bello se encuentra con que lo de los demás no vale nada -o apenas nada- y soporta estoicamente lo de: "Pues nosotros en Cataluña...", quien ha sufrido todo esto cree que ya está bien, que nada de victimismo, que hay que hacer frente a la situación y plantearle al Sr. Rodríguez Zapatero o al lucero del alba, que para hablar de sentimientos también valen los nuestros. Y, sobre todo, negarnos a razonar, negarnos a entrar en un juego en el que las cartas están marcadas de antemano. Pedir que no se nos prive de lo que es nuestro no es pedir la luna.
Y dejar que los Carod Rovira y compañía sigan con su butifarra y sus sardanas, con Balmes y con Jacinto Verdaguer, con su Dalí y su Gaudí, con su Barsa y su olimpiada, pero que nos dejen en paz.
Al Sr. Rodríguez Zapatero sólo desearle algo que ya otros le han deseado, menos talante y más talento, que ser Sisí no es gobernar y él tiene la obligación de hacerlo.
¶